miércoles, 19 de mayo de 2010

RELATO DE LA RUTA DE LOS MOJONES



"Quizá la fecha a algunos no les pareció la mejor: el jueves de Semana Santa.

Hay gente que directamente la descartó por la longitud aunque se dijo que podía hacerse por tramos como así hicieron algunos; otros porque había que madrugar mucho para hacerla entera y otros porque querían salir la noche del miércoles (o no querían pero se les complicó la cosa) o guardar fuerzas para la del jueves.

Sea como fuere nos allí nos juntamos 10 madrugadores con todavía las legañas en los ojos con lo archiperres de andar y los bocadillos para el almuerzo a buen recaudo en la mochila.

Lo que algunos no sabíamos es que íbamos a contar con un senderista de excepción, Pollito, que con sus 79 años haría la ruta entera (en algunos tramos llevando a los más jóvenes en la goma) quitándose un espinita de juventud, aparte de aportar sus anecdotas y conocimiento del monte.

Tras en breve trayecto en coche comenzamos la ruta subiendo al Llano por Azarroyo para entrar en calor.

Poco a poco fuimos cubriendo la parte del término que linda con Arauzo subiendo por las Navas y la Fuente Del Berro mientras hablábamos con los más veteranos de vinos, carretas y viajes de otras épocas (no sin comprobar si los vecinos habían movido algún mojón) hasta llegar a la torreta de El Cerro . Allí nos esperaban cuatro senderistas más no tan madrugadores para unirse a la ruta.

Continuamos por el subi-baja del cortafuegos a lo largo de las lindes con Pinilla y la Gallega, pasándo por Cabeza Gorda, Vallejón hasta llegar a Pauleda.

Parada para almorzar y disfrutar un poco del sol que empieza a aparecer mientras discutimos sobre cual tierra y cual no pertenece a Espejón y donde algunos descubrimos que hay otros Calderones lejos del Manzanares.

Tras bajar "a derecho" desde el mirador cruzamos la carretera dirigiéndonos quizá a la zona menos bonita de la ruta, ya que abandonamos el pinar para adentrarnos durante un buen rato en zona de tierras de labranza hasta toparnos con el río Arandilla.

Mientras los más veteranos buscan un lugar de paso Manu no se lo piensa y cruza el río mojándose los pinreles. A la postre fué el único que se mojó.

Cruzamos el río y encaramos los últimos kilómetros de la ruta intentando dirigir los pensamientos más hacia la siesta y la ducha que al dolor de pies y piernas.

Finalmente divisamos Huerta. Algunos enfilaron para casa y otros decidimos hacer la última parada para echarle una visual al pueblo desde una de las vistas menos comunes antes de andar los últimos metros.

Bonita ruta, mejor compañía y algunos nuevos nombres y lugares para los menos conocedores de la zona es lo que nos llevamos de esta ruta (los mojones estaban todos en su sitio).

¡¡Esperamos veros en la próxima!!"


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